El disco “Signos. Pronunciamiento global por un NO al neoliberalismo” compila, en un disco de formato virtual, de libre circulación y descarga, canciones textos e imágenes realizados por distintos artistas en los últimos años, cuya temática sea de reflejo, reacción, rechazo o sublimación de la situación social y política provocada por el neoliberalismo. Se lo concibe como un documento que registra una parcialidad de la obra artística actual como testimonio e interpelación de la presente época, a la vez que intentar promover el debate y colaborar en la creación de mayor conciencia. En el disco se cruzan géneros musicales, paisajes, culturas, lenguas y motivos. “Signos” no tiene ninguna finalidad de lucro ni se enmarca en ninguna estructura partidaria política sino que se propone como producción de actores culturales en respuesta a la actualidad de nuestros territorios, las raíces de la misma, su proyección, su drama y su esperanza, y es puesto a disposición del mundo con la esperanza de que le colabore del modo en que la cultura artística se supone puede hacerlo. Su definición es en rechazo al neoliberalismo, por la conciencia de sí de los pueblos, su dignidad y su libertad.

Todos los registros han sido cedidos voluntariamente por sus autores y/o productores, de acuerdo al sentido del proyecto, enunciado en el “Pronunciamiento” y para su libre circulación y descarga.

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    Pronunciamiento

    Es inabarcable, contradictoria y larga como larga es la historia de la explotación de la humanidad por la humanidad misma la suma de literaturas, reflexiones, críticas, defensas, resistencias y luchas que el neoliberalismo ha suscitado. Ya no parece posible hacerse de certezas a las que no les quepa sombra. Con todo, si por aseverar se ganara algo, hay una certeza de la que podemos envanecernos. Una certeza que es triste, pero que es también la herramienta primera si lo que se desea es la transformación de nuestro mundo y nuestras vidas, y si recordamos (o decidimos) que nada es siempre: ni nuestras derrotas ni sus triunfos. Es mucha conciencia ya entender que, al hablar de lo que damos en llamar “neoliberalismo”, haríamos mal en pensar que nos referimos a un “algo” que está por fuera de nosotrxs.

    El neoliberalismo, en tanto sistema, ideología, estrategia, política y práctica, pretende la máxima homogeneización del mundo y sus seres, ignorando a sabiendas que lo más homogeneizado que se puede concebir, lo más parecido a sí mismo e indiferenciado en todas sus partes, es la nada. Para el modo neoliberal de entender y hacer el mundo, todo puede y debe ser convertido en mercancía. La heterogeneidad real de los pueblos y las culturas busca ser anulada y convertida en una heterogeneidad aparente, sometida a una igualación absoluta bajo el signo de un valor que el mismo sistema neoliberal asigna oscuramente, en pos de la preservación de sí. Todo aquello que no sea pasible de mercantilización no es. La noción, legitimada desde el sistema a través de sus usinas creadoras de sentido, de que la dinámica de las mercancías es lo “natural” y que a esa “naturaleza” indiscutible se han de allanar los pueblos aparece como un artículo de fe.

    El entramado ideológico de este sistema tiene la impronta genocida del colonialismo, matriz histórica con la que se fijó y estructuró la desigual distribución de la riqueza en el mundo. Esta fase del capitalismo, de uso llamada “neoliberal”, agigantada ya en una “cultura” globalizada, tiene herramientas de disciplinamiento, control y conquista, y éstas son dinámicas y, muchas veces, difíciles de detectar. Utiliza controles oligopólicos de precios, mercados de capitales desregulados, beneficios financieros y bancarios, privatizaciones, ajustes fiscales e impositivos, bloqueos, creación arbitraria de amenazas a valores éticos que el sistema pretendidamente defiende; atomiza, desarticula y destruye las formas de construcción de poder popular, crea y manipula las crisis económicas en beneficio de los sectores dominantes y las redistribuciones de ingreso por medio de políticas dirigidas a generar una mayor concentración de la riqueza; se alimenta de la destrucción del medio ambiente, se traduce en la mercantilización y la financiarización de la economía; resulta en la cosificación de la humanidad, acentúa la explotación, se nutre de y resignifica y robustece sistemas de explotación que lo preceden, como el patriarcado, el racismo y centrismos que mudan según las sedes del poder; enciende guerras, patrocina e invisibiliza genocidios, compromete el desarrollo humano de vastos sectores del mundo, amenaza la sustentabilidad de la vida humana en el planeta y conduce, como corolario, a la exacerbación de un individualismo llevado al paroxismo donde la humanidad toda es presa de un infierno instalado como necesario y que llega, en ese laberinto urdido por los discursos neoliberales, a parecernos decidido por y para nosotrxs mismxs.

    De estas y muchas otras formas consigue garantizar su reproducción y hegemonía. Si algo es difícil no otorgarle al sistema capitalista y a su mudanza neoliberal es su gran capacidad de adaptación, reinvención y sostenimiento a través del tiempo y las coyunturas históricas a las que este sistema, como cualquier otro, se halló sometido. Sabe absorber y convertir en parte de su entramado incluso a los más radicales desafíos a sus fundamentos.

    Bellamente fue escrito por Liliana Bodoc en una de sus ficciones, refiriéndose a una fuerza enemiga de la humanidad, que aquella maldad hablaba parecido a la verdad. La clave acaso está en aquel “parecido”: vale decir “aparente”. La cultura neoliberal aparenta democracia, aparenta naturalidad, aparenta ética, aparenta justicia, aparenta igualdad, aparenta lo que considere necesario aparentar con tal de asegurar su hegemonía. Porque el neoliberalismo se hace fuerte y sólo puede operar en la confusión.

    Esa confusión es provocada de innúmeros modos y atizada en las subjetividades y en las identidades colectivas. Lograr que no pensemos, sintamos y actuemos en nombre de quienes somos, de lxs propixs y en pos de nuestra realización en esta vida y en este mundo, es la condición para que el sistema neoliberal persevere y, por tanto, el objetivo de su discurso. Confundir sus intereses con los nuestros, los de las corporaciones con los de los pueblos, los de las minorías privilegiadas con los de las mayorías despojadas, los del lucro con los de la vida, los de allí con los de acá. Confundir y aparentar.

    Buena parte de los esfuerzos del sistema en que vivimos y que nos atraviesa están dedicados a provocar esta ambigüedad generalizada. Por esto mismo nunca se puede acentuar lo suficiente cuánto se juega y decide en la cultura como espacio, práctica, comprensión, pasado, presente y proyección: elementos todos de cuya interacción entre sí y de lo que de ellos interpretemos resultan, en definitiva, nuestra identidad, nuestra realidad y también y, sobre todo, nuestra potencia.

    Frente a sencillas fórmulas matemáticas, cuadros estadísticos y una somera y fría ponderación de nuestras realidades socioeconómicas, un defensor de este sistema se hallaría inerme y nosotrxs hubiéramos de advertir, de modo prácticamente indudable, el verdadero objetivo del sistema neoliberal: la obtención y el mejoramiento de ganancias a pesar y en contra de todo lo que no sea ese fin. Sin embargo, algo que se dice y que se podría comprobar con llaneza matemática, no provoca ni determina en las sociedades, con la contundencia y generalización que parecería reclamar, una conciencia y voluntad por concebir y lograr un sistema alternativo. Y esto es porque las cosas son menos lo que son que lo que se crea, decida o consigan hacernos creer que son. Esto es lo que se juega en la cultura, palabra que en esta oración podría trocarse por “conciencia”, “identidad”, “memoria”, “deseo”, “ser”, toda vez que en realidad no sean siempre sinónimas entre sí.

    Pronunciando, escribiendo y referenciando de continuo la palabra “neoliberalismo”, como con cualquier otra palabra, y más allá de lo que se suponga que signifique, ésta terminará siendo un término hueco, posibilidad que arriesga, nuevamente, su naturalización y, por qué no, su irrealidad también. Es por eso que hay que continuamente imponerse el recordar y comprobar las rotundas y en absoluto ficticias realidades que provoca y enfatiza. Y esto no es sencillo porque exige de lxs sujetxs y las colectividades el abstraerse de sus realidades concretas y soñar otras, pues lo que discutirán o problematizarán no es algo que viene: es algo que, en buena parte, ya está en ellas, las constituye, operando y confundiendo. Porque el neoliberalismo es más que una ideología económica: es, en esencia, una racionalidad sectorial que entraña la pretensión de extenderla a todas y cada una de las dimensiones de la existencia humana. Somos mercantilizadxs, atomizadxs, escrutadxs, guiadxs e inducidxs en nuestras preferencias e instrumentalizadxs en nuestras decisiones para lograr que nuestros deseos y satisfacciones respondan y se confundan con los del sistema y sus privilegiadxs, asediándonos incluso en nuestra intimidad y ocio para que ningún aspecto de la vida escape y no sea pasible de ser instrumentalizado por los intereses del capitalismo neoliberal. Al individuo se lo somete, por medio del aislamiento, cada vez más perfeccionado y disimulado, a una subjetividad arrasada y perforada, ya desde los medios de comunicación oligopólicos, la manipulación de las redes sociales y los intereses corporativos hegemónicos en el mercado, así como desde los “a prioris” instalados en la constitución de nuestras identidades, la educación digitada, la noción de lo que debe o no ser, las modas, las concepciones de la sexualidad, el género, el valor, la felicidad, la realización, el éxito, etc. Utilizando su poder constituyente de realidad, empoderando su discurso por sobre la realidad, los actores sociales que propugnan el neoliberalismo con renovado cinismo y voracidad, avanzan sobre nuestros territorios dejando tras de sí un incalculable saldo de miseria, desunión y desmantelamiento de las redes solidarias de nuestras sociedades.

    Ya no es consigna romántica o un forzar la potencia del quehacer cultural decir que lo que se pierda o se gane en términos de humanidad, empezará por perderse o ganarse en el campo de la cultura. Porque no estamos discutiendo una fórmula económica o un repertorio silvestre, disperso, de medidas políticas El neoliberalismo es una ideología política, económica y social, lo que nos permite considerarla como una cultura en sí misma. Es la cultura que por diversos modos imponen los centros hegemónicos sobre las periferias y es articulada por actores políticos y económicos con fines de dominación. El neoliberalismo implica un constructo que busca generar el andamiaje ideológico para naturalizar la dominación y todxs aquellxs que impugnan el modelo neoliberal son despojadxs de humanidad y, por tanto, indignxs de cuánta consideración a la condición humana formalmente deparen.

    El trabajo cultural puede ser creador y legitimador de esos cordones umbilicales con nuestra tierra, nuestros pueblos y nuestra época. De ahí la inusitada ferocidad con que el neoliberalismo, mediante sus discursos y políticas, atenta contra la cultura popular.

    La autodeterminación de lxs sujetxs y las culturas que lxs constituyen es posible sólo si ese bloque social, esa criatura dinámica e inasible nominada como “pueblo”, conquista la conciencia de sí y para sí. La cultura es el pueblo y el pueblo es la cultura, lo que es decir que la cultura debe ser la que cada pueblo, en ejercicio de su libertad, se dé a sí mismo como estrategia para ser lo que quiera ser, en el espacio en que quiera ser y el tiempo en que le ha tocado ser. Y nada más pero nada menos. Nada hay de natural en vivir desviviendo y en la muerte organizada como lucro. Tenemos la potencia para decidir las vidas que deseamos vivir.

    El mundo y la vida son resultado de la vida y el trabajo humano a lo largo de la historia. Junto a todas las demás labores, el trabajo de lxs artistas hace al mundo, colabora en crearlo y en reproducirlo. Pero poco se logra desde el átomo. Este trabajo colectivo, segunda edición de una misma voluntad antes expresada en “Épocas. Expresión colectiva por un NO al neoliberalismo”, donde artistas de distintas disciplinas suman sus obras para configurar estos “Signos. Pronunciamiento global por un NO al neoliberalismo” amplía, como necesariamente debía suceder, el gesto-acción de rechazo de un modo de estar en el mundo y el desafío de crear otro. Intenta ser uno más entre tantos esfuerzos por la liberación de la humanidad. Su parcialidad se justifica porque está en movimiento. Ni somos todxs lxs que estamos, ni están todxs los que comparten el deseo aquí manifestado. Pero el rumbo es el de reconocernos desde todas las latitudes. Iremos aprendiendo lxs muchxs que somos. Que este trabajo colabore en ello.

    Signos. Pronunciamiento global por un NO al neoliberalismo.


    Se agradece lo indecible a las siguientes personas e instituciones sin cuya colaboración “Signos” no se hubiera podido concretar: Anna Ferrari, Centro de Estudios legales y Sociales CELS, Acqua Records, Modesto López, Amanda Querales Valdivieso, Irene Gorelick, Manuel Domínguez, Nicolás Rojas Inostroza, Diana Glusberg, Lucy Romero, Hugo Abraham, Fernando Rosado, Juan Carlos Tedeschi Encina, Verónica Parodi, Leandro Donozo, Mariano del Mazo, Patricio Arbello, Mario Mora, Lucio Alfiz, Cristian Vitale, Debora Filc, Casandra Da Cunha, José Ramón Aute, Celia Coido, Julieta Zamorano, Tata Cedrón, Susana Mónica Pozner, Denis Marino, Alberto Felici, Santiago Rosso, NUBENEGRA, Jorge Nacer, Sandra Albertocco, Juancho Pasari, Juan Ramia, Galileo Bodoc, Mauricio Polchi, Roberto Hilson Foot, Verónica Raffaelli, Maximiliano Martínez, Daniel Cholakian, Pedro Brieger, NODAL, Victor Hugo Morales, Alejandro Simonazzi, José Cordeiro, Radio La Tribu, Alfredo Cuéllar, Miranda Carrete, Sebastián Saire, Pedro Larrea, CEPETEL, Barricada TV, Lucio Vincenti, Dana Prieto, Rafael Solano, Rocío Prim, Sancho, Picazo, Nicolás Palavecino, Lucía Aráoz de Cea, Mandala Libros, Yusa Records, Gastón Chillier, Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo (FALFAA), Antonella Giordano, Adrián Fernández Gallinar, Ariadna Meler, Nahuel Sánchez Painequir, Cecilia Ales, Rita Terranova.


    Coordinación, gestión y producción del proyecto: Nicolás Esperante, Guillermo Pintos, Andrea Bouhier, Alejandro Cabrera, Daniela Augurio, Trilce Récors, Hasta Trilce.

    Arte de tapa: León Ferrari: Obra: Sin título. Serie Homens, Letraset sobre papel, copia Xerox, c.1980.

    Arte de interior: Sergio Iriarte. Obra: Detalle de ”Justicia Perseguirás”

    Diseño Gráfico: Nicolás Valdés (removedor.com.ar)

    Creación de plataforma virtual: Alejandro Cabrera.

    Masterización general: Nicolás Palavecino.